
El chileno francés diseñó el Palacio de Bellas Artes, la Casa Central PUC, la Estación Mapocho y el edificio de la Bolsa de Comercio de Santiago. En ese último inmueble, además, están las oficinas originales de LarrainVial. Esa firma colaboró con la edición de un libro que recopila y explora su aporte arquitectónico a nuestro país.
En el centro de Santiago hay una cuadra cuya particular división en forma de Y llama la atención. Se trata del espacio en que está emplazado el edificio de la Bolsa de Comercio de Santiago entre las calles Bandera, Moneda, Nueva York y La Bolsa. Allí, un edificio de plano triangular alberga el inmueble en que desde 1917 se llevan a cabo las transacciones bursátiles de la ciudad y que, a pesar del paso del tiempo, sigue siendo un ícono para los transeúntes.
El edificio fue diseñado por el arquitecto chileno francés Emilio Jéquier, quien recibió el encargo por parte de la Sociedad de la Bolsa de Comercio. Entre 1913 y 1917 –y de la mano de un equipo de construcción a cargo de Roberto Toretti- tomó forma y su estructura interior metálica fue algo novedoso en nuestra capital: fue el tercer edificio de la ciudad con esta característica.
Su especial ubicación entre tres calles crea tres fachadas. La cara que da a Bandera, en particular, permite avistar la Sala de Rueda en su interior, espacio enmarcado hacia la calle por cuatro grandes pilares que complementan un clásico frontis triangular.
Este también es el hogar de las oficinas originales de LarrainVial, una de las instituciones financieras más prestigiosas del país. Desde ahí, hace más de 90 años, comenzó a construirse una visión que hasta hoy sigue acompañando a miles de inversionistas.
En 1981 el edificio fue declarado Monumento Histórico y su entorno fue declarado Zona Típica en 1989.
Como parte de su compromiso con la cultura y el patrimonio nacional, LarrainVial colaboró en la edición del libro “Emilio Jéquier. La construcción de un patrimonio”, una publicación bilingüe que recorre la vida y obra del arquitecto detrás de este edificio. Es uno más de las decenas de libros que la empresa ha patrocinado en su edición y en el que se trabajó en conjunto con el Museo Nacional de Bellas Artes, la Corporación Patrimonio Cultural de Chile y el Servicio Nacional de Patrimonio Cultural.